EL SUICIDIO JUVENIL YA ES LA PRIMERA CAUSA DE MUERTE Y PODEMOS EVITARLO

NO SON NÚMEROS, SON HIJOS.

Por Gabriela Dueñas Dra. en Psicología / Lic. en Educación / Psicopedagoga.
Premio Konex Psicología 2026

En las últimas semanas, las cifras han encendido todas las alarmas. Los datos que inundan las redes y los medios de comunicación confirman lo que muchos profesionales de la salud mental y equipos comunitarios venimos advirtiendo.

LOS DATOS SON CONTUNDENTES

El 27% de los adolescentes argentinos reportó sentirse angustiado durante 2025. Detrás de ese número hay una realidad que ya no admite silencio: el suicidio se ha consolidado como la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años en Argentina, y la tendencia no cesa de crecer.

Según la Encuesta de la Deuda Social Argentina (UCA, 2010-2025), el malestar emocional alcanzó al 21,2% de los adolescentes, con mayor incidencia en mujeres (24,7%). UNICEF, en su novena ronda de encuesta rápida (julio-agosto 2025), señala que la salud mental es la tercera preocupación principal para el 29% de los jóvenes, solo superada por la pobreza y la falta de empleo.

No son estadísticas frías. Son hijos, hermanos, amigos, alumnos. Son vidas que se apagan en un país que todavía no termina de comprender la magnitud de la crisis.

MÁS ALLÁ DEL INDIVIDUO: UN FENÓMENO MULTICAUSAL Y ESTRUCTURAL

Reducir el suicidio a un problema individual, a una “enfermedad mental” descontextualizada, es una simplificación que nos impide ver el cuadro completo. Como señalan los estudios especializados en el tema, se trata de un fenómeno “multicausal” donde interactúan factores individuales, familiares, sociales y comunitarios. Pero en el contexto actual, hay dos dimensiones que se vuelven ineludibles: la “crueldad sistémica” del ajuste económico y el “negacionismo” que permea el discurso público.

LA PRECARIEDAD Y LA FALTA DE FUTURO

Un joven que no encuentra horizontes laborales claros, que ve cómo el esfuerzo no garantiza nada, se enfrenta a una pregunta insoportable: ¿para qué? El filósofo Byung-Chul Han describe nuestra época como una “sociedad del rendimiento”, donde el éxito es una obligación y el fracaso se vive como una falla personal absoluta, no como una consecuencia estructural.

EL AISLAMIENTO EN TIEMPOS DE HIPERCONEXIÓN

Las redes sociales prometen comunidad, pero a menudo profundizan la soledad. La competencia por la visibilidad, la comparación constante y la exposición a contenidos dañinos generan una sensación de insuficiencia que lastima especialmente a quienes ya están vulnerables.

LA AUSENCIA DE ADULTOS DISPONIBLES

Muchos padres y docentes están tan desbordados por sus propias angustias y precariedades que les resulta difícil cumplir la función de sostén. Winnicott, un reconocido pediatra y psicoanalista, hablaba de la necesidad de un “ambiente facilitador” que oriente y contenga. Hoy, ese ambiente se ha debilitado.

Un dato alarmante: el mismo estudio de UNICEF indica que un porcentaje similar al de los jóvenes angustiados (27%) declaró haber accedido a contenidos digitales sobre autolesiones o métodos para quitarse la vida. No es casualidad: es el síntoma de una época que naturaliza el sufrimiento y lo convierte en espectáculo.

LO QUE DICE LA EVIDENCIA INTERNACIONAL

No estamos ante un problema exclusivamente argentino. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en su último informe global que “el suicidio es la cuarta causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años en el mundo”, y que las tasas han aumentado en la región de las Américas en la última década. La OMS enfatiza que “las estrategias integrales de prevención, que incluyen restricción al acceso a medios letales, programas escolares de salud mental y líneas de crisis, han demostrado reducir las muertes hasta en un 20%” cuando se implementan de manera sostenida.
Argentina tiene herramientas, pero faltan recursos. El programa nacional de salud mental cuenta con fondos insuficientes frente a la magnitud de la crisis, y muchas políticas de cuidado han sido desmanteladas. No se trata de un problema de voluntad individual, sino de una decisión colectiva: ¿qué tipo de sociedad queremos construir para nuestras juventudes?

SEÑALES DE ALARMA: CUANDO EL SUFRIMIENTO PIDE PASO

Estas conductas no deben minimizarse:

– Aislamiento progresivo: dejar de ver a amigos, abandonar actividades que antes disfrutaba.
– Cambios bruscos en el sueño o el apetito.
– Expresiones verbales o metafóricas: “quisiera dormir y no despertar”, “soy una carga”, “todos estarían mejor sin mí”.
– Regalos de pertenencias valiosas o despedidas inesperadas.
– Autolesiones visibles o búsqueda activa de información sobre métodos.

QUÉ PODEMOS HACER: PAUTAS PARA FAMILIAS, ESCUELAS Y COMUNIDADES

1. Hablar, sin miedo y sin juzgar

– Preguntar directamente: “¿Estás pensando en lastimarte? ¿Tenés un plan?”. Lejos de sugerir la idea, abrir la conversación puede ser un alivio.
– No minimizar con frases como “tenés que ser fuerte”. El sufrimiento necesita ser reconocido, validado, no clausurado.
– Escuchar sin interrumpir. A veces, lo que más salva es la presencia, no las palabras perfectas.

2. Fortalecer los vínculos

– La disponibilidad emocional de un adulto atento puede salvar más vidas que un consultorio.
– Fomentar espacios de pertenencia: la escuela, el club, el centro comunitario, el grupo de pares. La desconexión del grupo es una de las principales señales de alerta.
– No estigmatizar la ayuda profesional: acompañar el proceso de búsqueda de atención y recordar que los tratamientos funcionan.

3. Atender las condiciones de vida

– El sufrimiento psíquico no se desliga de la precariedad económica, el aislamiento o la discriminación.
– Exigir políticas públicas que garanticen trabajo, educación y acceso a la salud mental es un deber ético que como comunidad le debemos a nuestros jóvenes.
4. Cuidar a quienes cuidan
– Familias y docentes también están atravesando su propia angustia. No se puede sostener a otro sin estar sostenido.
– Pedir ayuda no es debilidad: es un acto de responsabilidad.

CONCLUSIÓN: EL SUICIDIO SE PREVIENE, LA VIDA SE CONSTRUYE EN RED

El suicidio juvenil no es un destino ineludible. Es el síntoma de una sociedad que ha priorizado el rendimiento y el ajuste por sobre el cuidado y la esperanza. Pero también es un llamado a la acción.

Prevenir el suicidio es, ante todo, “tejer redes de vida”. Es restaurar el tejido social, ofrecer a las nuevas generaciones un futuro con sentido, ejercer una política de la escucha que no delegue el sufrimiento en el silencio.

Como afirma el lema de la campaña del Ministerio Público Tutelar: “Escuchemos, acompañemos y pidamos ayuda”.

BIBLIOGRAFÍA
– Dueñas, G. (2026). “El malestar en la cultura del S XXI”. Homo Sapiens.
– Dueñas, G. (2025). “Entre familias, pantallas y malestares”. Homo Sapiens.
– Organización Mundial de la Salud (OMS). (2025). “Informe mundial sobre prevención del suicidio”. Ginebra.
– UNICEF Argentina. (2025). “Novena ronda de la Encuesta Rápida”.
– UCA. (2025). “Encuesta de la Deuda Social Argentina 2010-2025”.

RECURSOS DE AYUDA (24 HORAS, TODOS LOS DÍAS)
– Hospital Nacional “Laura Bonaparte” (salud mental) | 0800-999-0091
– Centro de atención al suicida (CABA y GBA) | 135
– Línea nacional | (011) 5275-1135
– Salud Mental Responde (CABA) | 0800-333-1665
– Subsecretaría de Salud Mental (PBA) | 0800-222-5462


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