EL VACÍO NORMATIVO Y SUS GRIETAS Escribe Dra. Gabriela Dueñas

 CUANDO LAS REGLAS ESTÁN POR TODAS PARTES, PERO YA NO ORIENTAN

EL PROBLEMA: RODEADOS DE REGLAS, PERO PERDIDOS

Vivimos una paradoja inquietante. Nunca antes las sociedades habían producido tantas normas, leyes, protocolos y reglamentos. Sin embargo, la experiencia dominante entre niños, niñas y adolescentes es la de la desorientación, la falta de sentido y la fragilidad de los vínculos.

Ya no se trata simplemente de la “falta de reglas” que describió el sociólogo Émile Durkheim hace más de un siglo. El problema actual es más sutil y destructivo: las reglas están presentes, pero ya no orientan. No nos dicen para qué vivir, qué vale la pena desear, cómo construir un futuro.

 

¿QUÉ ES LA ANOMIA HOY?

La anomia ya no es silencio normativo. Es ruido normativo sin brújula.

El filósofo Zygmunt Bauman describió nuestra época como “modernidad líquida”: las instituciones que antes daban estabilidad (la familia, la escuela, el trabajo estable, el Estado de bienestar) se han licuado. Todo cambia constantemente y se nos exige adaptarnos sin descanso, pero sin ofrecernos certezas a cambio.

Por su parte, Byung-Chul Han habla de la “sociedad del rendimiento”: ya no vivimos bajo un poder externo que nos dice “no hagas eso”. Ahora nos autoexplotamos creyendo que somos libres. El imperativo es: “sé exitoso, sé feliz, sé visible, sé innovador”. El fracaso ya no genera culpa, sino depresión, agotamiento y una sensación de vacío.

 

EL SÍNTOMA MÁS GRAVE: EL AUMENTO DEL SUICIDIO ADOLESCENTE

Ningún indicador expresa con mayor crudeza esta crisis que el incremento sostenido del suicidio entre niños y adolescentes en las últimas dos décadas.

Los números son contundentes:

– En el continente américano, el suicidio aumentó un 17% entre 2000 y 2019, siendo la única región del mundo donde creció.

– En Argentina, los suicidios superaron en 2024 a las muertes por accidentes de tránsito, convirtiéndose en la primera causa de muerte violenta.

– En 2023 se registraron 394 suicidios de jóvenes de 10 a 19 años.

– Entre abril de 2023 y abril de 2025 se notificaron 15.807 intentos de suicidio: un promedio de 22 por día.

Cada número es una historia singular, pero también un fenómeno social que nos interpela como cultura.

NO ES SOLO “ENFERMEDAD MENTAL”

Desde el psicoanálisis y el enfoque comunitario entendemos que el suicidio adolescente no es, en la mayoría de los casos, una simple depresión o una patología psiquiátrica aislada.

Es, fundamentalmente, un problema de lazo social.

El adolescente que se quita la vida no siente que su vida importe de verdad para alguien. No encuentra un lugar en el deseo de los adultos. El tejido de vínculos que lo sostiene se ha vuelto demasiado frágil. La muerte aparece como única salida ante un vacío insoportable.

Como ya advertía Durkheim hace más de un siglo, el suicidio anómico ocurre cuando las normas sociales se debilitan y la persona pierde toda orientación sobre sus deseos y expectativas. El ser humano necesita un marco que le indique qué es posible desear, cuándo detenerse, qué esperar del futuro.

 

¿QUÉ FALLA EN LAS INSTITUCIONES?

La escuela, el sistema de salud mental, la justicia juvenil y las organizaciones comunitarias ya no logran cumplir su rol de mediación.

– La escuela oscila entre el control rígido sin sentido y la permisividad vacía. Los docentes están desbordados, cumpliendo funciones de vigilancia en lugar de transmitir saber.

– El sistema de salud ha medicalizado la infancia: diagnósticos rápidos (TDAH, TEA, etc.) y pastillas como respuesta a lo que antes se entendía como conflictos vinculares legítimos.

– La justicia juvenil trata al adolescente infractor de manera contradictoria: a veces como inimputable, a veces con castigos duros. No hay quien sostenga la pregunta fundamental: ¿qué sentido tuvo para vos lo que hiciste?

 

VÍNCULOS FRÁGILES Y PANTALLAS

En los hogares, los adultos están angustiados, agotados por el trabajo, la precariedad y la incertidumbre. Quieren poner límites, pero no saben con qué autoridad contar. El diálogo familiar se reduce a consignas funcionales: “comé”, “hacé la tarea”, “apagá la pantalla”.

Las redes sociales ocupan ese vacío. Pero el algoritmo no es un verdadero Otro: no tiene deseo, ni historia, ni falta. El niño o adolescente se refugia en la pantalla porque allí encuentra predictibilidad y gratificación inmediata. Pero sin el encuentro con la falta en el Otro, no puede constituirse un deseo propio.

 

¿QUÉ HACER? CLAVES PARA UNA RESPUESTA COMUNITARIA

No hay soluciones mágicas ni culpables únicos. No es solo la escuela, ni solo la familia, ni solo el Estado. Es la trama de relaciones entre todos estos niveles lo que ha entrado en una dinámica dañina.

Sin embargo, hay orientaciones posibles:

  1. Restituir la palabra sobre el diagnóstico: no todo sufrimiento infantil es un trastorno neurocognitivo. Hay que escuchar el sentido del síntoma, no etiquetarlo.
  2. Fortalecer los espacios comunitarios: centros de día, clubes, bibliotecas populares, grupos de crianza compartida. Allí los niños y adolescentes encuentran otros adultos, otras normas, y la experiencia de que existe un afuera habitable.
  3. Prevención del suicidio como política de lazo: equipos de salud mental en los territorios, formación de referentes comunitarios en escucha activa, y garantía de que ningún joven quede sin al menos un vínculo confiable y sostenido.
  4. Adultos con deseo propio: la autoridad educativa solo puede sostenerse si el adulto está investido del deseo de transmitir algo que considera valioso. No se trata de más control, sino de más presencia simbólica.

 

CONCLUSIÓN: TEJER LAZO DONDE SOLO HAY RUIDO

La anomia contemporánea no es ausencia de normas, sino exceso de normas sin sentido. Estamos rodeados de reglas, pero ninguna responde a las preguntas fundamentales: ¿quién soy?, ¿qué deseo?, ¿para qué vivir?

Frente a esto, no se trata de llenar con más control. Se trata de restituir la confianza en el lazo social. Porque si la anomia disuelve los vínculos, la respuesta es siempre ética y vincular: re-hacer trama allí donde solo había ruido.

La vida de nuestros niños, niñas y adolescentes, y con ella el futuro de la cultura, dependen de nuestra capacidad para tejer nuevamente el lazo donde la anomia lo ha desgarrado.

 

NOTA: Este artículo sintetiza su trabajo sobre anomia, suicidio y constitución subjetiva en la infancia y adolescencia.

Dra. Gabriela Dueñas /Dra. en Psicología, Lic. en Educación/ Psicopedagoga

 


Comentarios

3 respuestas a “EL VACÍO NORMATIVO Y SUS GRIETAS Escribe Dra. Gabriela Dueñas”

  1. Lorena Naveira Avatar
    Lorena Naveira

    Excelente nota!
    Desde una gran claridad orienta el camino. Gracias

  2. Ruben Luciano Avatar
    Ruben Luciano

    Muy buen diagnóstico. Soy docente de Filosofía, psicología y ciencias de la educación.
    Además creo que se le exige a la escuela que solucione todos los conflictos sociales como los que mencionas en el artículo y yo agregaría a todo eso la movilidad social también.
    Como muy bien aclaras no es solo la escuela la involucrada en esos desafíos pero lo venden de esa manera. En cuanto a las normas además de lo que decís está el tema de que las mismas cambian sin que las que ya están se hayan puesto en práctica. Salvó cuando se cambió la nefasta ley de la Reforma Educativa que por suerte fue derogada en épocas de estado de bienestar y políticas públicas orientadas a al bien común.

  3. Raquel Avatar
    Raquel

    Excelente nota. Orienta a los padres y propone acciones concretas para atender los conflictos intrafamiliar es. La importancia del ” deseo” para terminar con la incertidumbre. Y la de generar redes sociales verdaderas y presenciales .

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