DECLARACIÓN DEL ENCUENTRO REGIONAL DE MOVIMIENTOS POPULARES – ARGENTINA 2026

Reunidos en Buenos Aires, en la Ciudad Papa Francisco, barrio popular del partido de La Matanza, organizaciones populares, eclesiales y sindicales del sur del continente americano nos encontramos para reflexionar, compartir nuestras luchas y prepararnos para la visita del Papa León XIV a nuestra región.

En continuidad con el camino recorrido en los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares, reafirmamos nuestro compromiso con la Tierra, el Techo y el Trabajo como derechos sagrados de la humanidad.

Vivimos un tiempo en el que la guerra y el hambre expulsan a millones de personas de sus tierras; crecen los discursos de odio y la persecución contra quienes buscan un lugar donde vivir; la riqueza se concentra cada vez más en menos manos y quienes menos tienen son señalados y criminalizados por rebuscárselas para sobrevivir.

Hace once años el Papa Francisco nos decía que este sistema no se aguanta más. Hoy las desigualdades se han profundizado y la deshumanización y la crueldad se han convertido en una marca de nuestro tiempo.

Al mismo tiempo, la tecnología y la inteligencia artificial avanzan a una velocidad inédita, pero la riqueza que generan queda concentrada y, muchas veces, estas herramientas se utilizan para controlar, vigilar y acumular poder.

Frente a eso queremos plantar bandera.

No aceptamos que el dios dinero se presente como la única manera posible de organizar nuestras sociedades. Reivindicamos la justicia social, la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y el destino universal de los bienes. Queremos una sociedad que ponga en el centro a los pobres, a los trabajadores, a las periferias y a quienes han sido descartados.

Nuestro planeta es nuestra Casa Común —no la de algunos—, y queremos construir una mesa donde todos y todas podamos sentarnos a compartir el pan.

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El Papa León XIV, en Magnifica Humanitas, nos plantea algunas de las preguntas fundamentales de este tiempo:
“¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?”

Y nos propone pensar a partir de dos imágenes.
Por un lado, la torre de Babel expresa el límite de una construcción fundada en la autosuficiencia, la homogeneización y la eficiencia cuando estas sacrifican la dignidad de las personas.
Por otro lado, la reconstrucción de los muros de Jerusalén, donde la ciudad renace gracias a la responsabilidad compartida de todo el pueblo. Una obra que reconstruye los vínculos antes que las piedras y encuentra un lenguaje común, no en la uniformidad sino en la comunión.

Frente a estas dos imágenes, los movimientos populares sabemos qué camino queremos recorrer. No queremos una humanidad organizada únicamente en torno al dinero, la concentración del poder o un desarrollo tecnológico sin límites.

Queremos comunidades donde cada persona tenga un lugar y donde el progreso esté al servicio de la dignidad humana y del bien común.

Las “cosas nuevas” de nuestro tiempo nos exigen renovar nuestras luchas históricas y preguntarnos qué significan hoy la Tierra, el Techo y el Trabajo. Y nos convocan a una tarea común: plantar bandera contra las nuevas formas de deshumanización.

 

Ahora. Cierre del Encuentro Regional de Movimientos Populares en Ciudad Evita, La Matanza. Durante dos días delegaciones de América Latina estuvieron elaborando un documento para entregarle al Papa ...

Por eso, desde nuestros barrios, comunidades y organizaciones, asumimos los siguientes compromisos:

1. DEFENDER EL TRABAJO Y LOS DERECHOS FRENTE A LAS NUEVAS FORMAS DE EXPLOTACIÓN
Defendemos el trabajo como un derecho sagrado y la organización de todos los trabajadores y trabajadoras, incluidos quienes integran la economía popular y quienes trabajan en plataformas digitales. No aceptamos que la precarización del trabajo se presente como una consecuencia inevitable del progreso. La tecnología debe estar al servicio del trabajador y no el trabajador al servicio de la tecnología. Exigimos ingresos dignos, seguridad social y que los beneficios del progreso tecnológico mejoren las condiciones de vida de nuestros pueblos.

2. BIENES NATURALES, SOBERANÍA Y CASA COMÚN
Las transformaciones tecnológicas y productivas no pueden justificar nuevas formas de saqueo ni convertir nuestros territorios en zonas de sacrificio. Defendemos la soberanía de los pueblos sobre sus recursos, el destino universal de los bienes y el derecho de las comunidades a decidir sobre sus territorios. No habrá transición ecológica justa si se construye sobre la destrucción de nuestra Casa Común y el desplazamiento de nuestros pueblos.

3. TIERRA, SOBERANÍA ALIMENTARIA Y PRODUCCIÓN CAMPESINA
Frente a un modelo que concentra la tierra, expulsa comunidades y destruye nuestra biodiversidad, reafirmamos nuestras banderas de reforma agraria integral, agroecología y soberanía alimentaria. Defendemos las semillas como patrimonio de los pueblos, los derechos de campesinos, campesinas y pueblos originarios y el acceso a alimentos sanos. La tierra debe estar al servicio de quienes la habitan, la cuidan y producen los alimentos de nuestros pueblos.

4. TECHO, INTEGRACIÓN SOCIOURBANA Y TRABAJO COMUNITARIO
El Techo no es solo una vivienda: es el derecho a vivir en un territorio con servicios, infraestructura, educación, salud, cultura y oportunidades. Defendemos la integración sociourbana de nuestros barrios y el reconocimiento de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular que, organizados en cooperativas, construyen y transforman sus territorios.

5. RECONOCER LAS TAREAS DE CUIDADO Y DEFENDER LA VIDA DESDE LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA
Frente a un sistema que descarta a millones, afirmamos que cuidar la vida, sostener los vínculos y fortalecer la organización comunitaria son tareas fundamentales para construir una sociedad más justa y humana. En nuestros barrios y territorios, millones de trabajadores y trabajadoras sostienen cotidianamente la alimentación, la salud, la educación y el acompañamiento de quienes más lo necesitan. Reivindicamos los cuidados como un trabajo esencial que debe ser reconocido y garantizado, y exigimos políticas públicas que fortalezcan las comunidades organizadas y aseguren condiciones dignas para quienes cuidan. Porque no hay justicia social sin cuidados, ni futuro posible sin comunidades que pongan la vida en el centro.

6. ENFRENTAR LA NARCOESTRUCTURA Y FORTALECER LA VIDA EN NUESTROS BARRIOS
La narcoestructura no se reduce al último eslabón de la cadena. Es un entramado económico, financiero, político, judicial, policial y territorial que lucra con la exclusión y destruye la vida de nuestras comunidades, especialmente la de nuestros jóvenes. No aceptamos que nuestros barrios y nuestros pibes sean criminalizados mientras permanezcan intactas las estructuras que organizan, financian y protegen el negocio. Nos comprometemos a enfrentar esas estructuras y, al mismo tiempo, a fortalecer la comunidad organizada, el trabajo, la educación, la cultura, los clubes y las redes de cuidado que defienden la vida todos los días.

6. PONER LA TECNOLOGÍA Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL AL SERVICIO DE LOS PUEBLOS
Las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial deben estar al servicio de la humanidad y no de la concentración del poder y la riqueza. No aceptamos que las personas sean reducidas a consumidores, a datos o a algoritmos. Defendemos el acceso democrático al conocimiento, la protección de los datos personales, la soberanía popular y el derecho de nuestros pueblos a participar en las decisiones tecnológicas. Somos pueblos y comunidades con dignidad, derechos y capacidad para construir nuestro propio destino.

7. DEFENDER LA DIGNIDAD Y LA REINSERCIÓN DE LAS PERSONAS PRIVADAS DE LIBERTAD
Ninguna persona pierde su dignidad por estar privada de libertad. Nos comprometemos a acompañar a nuestros hermanos y hermanas en las cárceles y a exigir políticas de educación, trabajo y reinserción que les permitan reconstruir sus proyectos de vida y volver a formar parte plenamente de sus comunidades. Una sociedad que solo sabe castigar y abandonar termina reproduciendo la exclusión que dice combatir.

8. UNIDAD DE LOS TRABAJADORES, ORGANIZACIÓN POPULAR Y ARTICULACIÓN LATINOAMERICANA
Ninguna de estas luchas puede darse de manera aislada. Los problemas que enfrentan nuestros pueblos trascienden fronteras y requieren respuestas comunes. Como señala León XIV en Dilexi te, los movimientos populares no son individuos aislados sino el entramado de una comunidad de todos y para todos, que no deja atrás a los más pobres y débiles. La solidaridad, entendida en su sentido más profundo, es una manera de hacer historia. Por eso nos comprometemos a fortalecer la articulación latinoamericana entre movimientos populares, sindicatos, organizaciones comunitarias, pueblos originarios y las Iglesias que caminan junto a nosotros, construyendo espacios permanentes de encuentro, comunicación y acción colectiva.

Frente a un sistema que pretende convencernos de que hay personas que sobran, asumimos un compromiso que atraviesa todas nuestras luchas: plantar bandera contra la deshumanización. Contra una lógica que convierte derechos en privilegios, comunidades en mercados, trabajadores en números y seres humanos en datos.

Nuestra respuesta no puede ser resignarnos. Tiene que ser organizarnos mejor. Nuestra fuerza nace de estar juntos, de saber que, cuando un pueblo pelea, no está solo, y de convertir la solidaridad entre nuestros pueblos en una fuerza capaz de transformar la realidad.

LEÓN, ESTAMOS CON VOS

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León, queremos decirte algo: Hace un año, cuando los movimientos populares llegamos a Roma, nos dijiste: “Estoy con ustedes”. Hoy, reunidos en Buenos Aires, queremos decirte también nosotros: estamos con vos.

Queremos acompañarte en la tarea de defender la paz, la dignidad humana y la justicia social en este tiempo de profundas transformaciones. Queremos compartirte lo que vemos desde nuestras periferias, pero también lo que estamos construyendo en ellas. Porque desde abajo no solamente vemos antes las injusticias. También desde abajo nacen respuestas. Nacen organizaciones. Nacen comunidades. Nacen nuevas formas de cuidar y reconstruir aquello que el sistema rompe.

Cuando visites nuestra región, queremos recibirte con nuestras luchas, nuestras preguntas y nuestras esperanzas. Y queremos seguir caminando junto a una Iglesia que escucha la voz de los pobres y reconoce a los pueblos organizados como protagonistas de la construcción del bien común.

Nos quieren hacer creer que el futuro ya está escrito. Que la tecnología, el dinero y el poder decidirán por nosotros. No lo aceptamos.

Frente a Babel, elegimos comunidad.
Frente al descarte, organización.
Frente a la deshumanización, dignidad.
Frente a la impotencia, esperanza.

Tierra, Techo y Trabajo siguen siendo derechos sagrados.
Y el futuro también es un derecho de los pueblos.

Ciudad Papa Francisco, La Matanza, Buenos Aires.
28 de octubre de 2026

Comparte: p Daniel Eduardo Echeverría scj, vic gral San Justo


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