Un medio de prensa de Río Cuarto, Córdoba, entrevista a un carnicero y recibe el testimonio real de un comercio en crisis.
El argentino promedio dejó de consumir la cantidad y calidad de carne vacuna a la que acostumbraba hasta el año 2023. En la actualidad, agobiado por los altos precios de los alimentos, debió echar mano a las proteínas de otros animales como el porcino y el pollo.
“Los abastecedores dicen que no hay cabezas en pie, entonces no hay cantidad -oferta- y eso hace que aumente la carne” la explicación del carnicero que pese a la difícil situación por la que atraviesa, se niega a admitir que están mal.
Al caso cabe citar el informe del Centro de Economía Política Argentina, CEPA, a febrero del 2026 respecto al sector mencionado. “Durante 2025 y el comienzo de 2026, la dinámica de precios de la carne vacuna mostró un desfasaje significativo respecto del nivel general de inflación. Mientras el índice de precios al consumidor registró una variación anual del 31,5% en 2025, el valor promedio de la carne vacuna aumentó más del 65%. Las mediciones del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, incluso ubican el incremento interanual del 69,8%. Esta aceleración impactó con particular intensidad en los cortes de mayor consumo popular, cuyos aumentos superaron ampliamente al IPC: el asado subió 59,6% en el año, la nalga 68,4%, el cuadril 66,3%, la paleta 69,6% y la carne picada común 60,6%.” Sostienen en este escrito. https://centrocepa.com.ar/informes/754-motivos-detras-del-incremento-reciente-del-precio-de-la-carne-bovina

Cabe señalar que, hasta octubre de 2025, los aumentos de los precios mayoristas de la carne venían corriendo por detrás de los incrementos registrados en los precios minoristas. Esta dinámica se revierte a partir de ese mes, cuando los precios mayoristas aceleran por sobre los minoristas. No obstante, en los primeros meses de 2026 se observa nuevamente un cambio en la tendencia: la brecha entre precios se reduce como resultado de aumentos más significativos en los precios minoristas que en los mayoristas.

El comportamiento de los precios no puede explicarse por un único factor. Por el contrario, responde a la convergencia de múltiples elementos que se fueron acumulando a lo largo del año: i) restricciones del lado de la oferta asociadas a cuestiones productivas y climáticas; ii) con un escenario de demanda sostenida, especialmente desde el mercado externo. En ese contexto, el ajuste de precios operó como un mecanismo de reequilibrio ante una disponibilidad más acotada de hacienda y expectativas favorables de exportación.
Reducción del stock ganadero
La reducción del stock ganadero constituye uno de los factores centrales para explicar el encarecimiento de la carne bovina. Durante el período 2024–2025 se observó una menor disponibilidad de terneros, novillos y vaquillonas destinadas a faena, lo que acotó la oferta de carne desde el inicio del año.
El punto de partida fue un escenario de menor hacienda en los campos. La sequía acumulada de los últimos años, con especial intensidad en 2023, deterioró las condiciones productivas. La escasez de pasturas y de forraje obligó a numerosos productores a adelantar ventas de animales para sostener la viabilidad de sus establecimientos, reduciendo así el volumen de stock disponible para los ciclos siguientes.
Los efectos de la sequía de 2023 no se limitaron a decisiones comerciales de corto plazo. También impactaron sobre la base reproductiva del sistema. La caída en la cantidad de terneros y los mayores niveles de mortandad implicaron que una parte significativa del capital ganadero se destinara a mantener el nivel de producción corriente, en detrimento de la expansión del rodeo.

Este cuadro se vio reforzado por la ausencia de políticas públicas orientadas a estimular la producción ganadera y a amortiguar los efectos de los shocks climáticos.
En esta línea, un estudio elaborado por el Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina señala que en los últimos dos años nacieron cerca de 700.000 terneros menos que en el bienio previo.[1] Este dato resume con claridad la magnitud del ajuste en la oferta primaria y ayuda a entender por qué la menor disponibilidad de hacienda se trasladó, más temprano que tarde, a los precios al consumidor.

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