El 10% más poderoso llega a casi el 60%. Pero el 50% más pobre tiene solo el 4% del país.
La sociedad está endeudada, rondando la tragedia, como ocurrió en la residencia de Milei. Muy cerca de su dormitorio un soldado se dio la muerte con el fusil que tenía en la guardia.
Debía dos millones de pesos, que bien mirados son nada: poco más de mil dólares. El per cápita de la deuda es inmensamente mayor.
La comunidad argentina está destrozada en los sectores vulnerables. El tiro que se escuchó en la noche de Olivos es un gesto de impotencia simbólico, pero no solo por la brutalidad de los endeudados para comer. También por un país que se suicida en cada toma de deuda.
Ahora Caputo busca más. Él provee la muerte de otros.
Los condenados de por vida aumentan su número hasta contarse por millones. Millones de argentinos viven y nacen sin derechos porque la deuda hay que pagarla.
Que se pueda cometer semejante crimen habla de la falta de escrúpulos de Caputo, pero también de la mafia de Clarín, sostén cultural del perverso sistema, que ayer —cuando los soldados de Olivos caminaban por los jardines tomándose la cabeza— publicaba que “si bien subió el dólar, bajó el riesgo país”, ese que determina el JPMorgan.
El glorioso JPMorgan, que puso a todos los funcionarios de Economía en el país. La timba protegida por la banca. El que pasa el rastrillo por encima de los números en el casino del mapa.
Una mujer de Misiones se jugó en la ruleta 17 millones de pesos de los egresados del colegio de su hija. Pero la publicidad mejor paga es la del juego.
La única oferta que tuve para hacer un aviso de cine, radio y TV en estos años provino de quienes pensaron que podía sumarme a la promoción del garito. Cuando supe lo que me ofrecían, comprendí a qué estamos jugando en el mundo de Caputo y la corruptela del 10% rico que se queda con medio país.
Ahora ampliaron los clientes a la edad de 13 años. Sí: a lo que apuestan es a los bonos.
Ese tiro en la noche arbolada de la residencia de Olivos podría servir para que piensen un poco en la demencia del sistema. El viento que peinaba cipreses pasó de largo y no dejó el mensaje.
FUENTE: VÍCTOR HUGO MORALES

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